ABC Sexología | Hipótesis explicativa, factores asociados y prevención de la violencia de género contra las mujeres

Hipótesis explicativa, factores asociados y prevención de la violencia de género contra las mujeres

Durante muchos años se había creído que el origen de la violencia de género contra las mujeres era de tipo individual. Se buscaba en factores como el alcoholismo o la enfermedad mental la causa determinante y se toleraban o perdonaban ciertos niveles de violencia. Reflejo de dicha permisividad social son ciertos refranes populares como aquel que dice “Si tu marido te pega, no llores Lola. Más vale palo, que dormir sola”.

Desde hace años, se vienen publicando diferentes trabajos de investigación que apuntan hacia las relaciones de poder y de dominación, como causas primarias de la violencia de género en las sociedades patriarcales. Siendo, un hecho conocido, que la violencia de género hacia la mujer ha venido sucediendo desde épocas ancestrales, pudiéndose situar hace unos 10.000 años con las primeras sociedades agrícolas humanas, que dieron origen al patriarcado como consecuencia directa del descubrimiento del papel reproductor del hombre, hasta entonces desconocido, originando la aparición de la herencia por vía paterna y de la propiedad privada. Pasando la repartición de papeles entre géneros de ser por razones biológicas y de eficacia, típica de la etapa preagrícola donde las sociedades humanas era cazadoras y recolectoras de frutos, a ser por razones sociales y económicas con control político, social y económico del hombre y donde los valores asignados a las mujeres eran la sumisión, la fidelidad y el cuidado de los demás.

Si bien no hay ninguna causa conocida que produzca necesariamente que un hombre se convierta en agresor y que una mujer sea víctima, sí que existen determinados factores asociados que predicen una alta probabilidad de causar su aparición: factores de personalidad como el carácter impulsivo y la ira generalizada, la dependencia del alcohol y drogas, los factores culturales asociados a la diferente socialización en el rol de género, haber sido víctima y más a menudo testigo de violencia en la familia de origen, el conflicto crónico de pareja junto con deficientes habilidades en comunicación y en solución de conflictos.

Hay dos características principales de inicio y mantenimiento de la violencia de género. Una, la intensidad creciente, pues la violencia no surge de pronto sino que es un proceso gradual, con una primera etapa donde la violencia es sutil, no percibida, con ataques a la autoestima y violencia verbal; para en una segunda etapa aislar a la mujer y comenzar las agresiones físicas y/o sexuales. Otra, el carácter cíclico donde las pequeñas frustraciones se van acumulando hasta que se produce el ataque agudo de violencia y que tras el perdón de la víctima que actúa como reforzador, al no tener ninguna consecuencia negativa para el agresor, hace que se incremente en frecuencia e intensidad con acortamiento de los ciclos.

Una vez instaurada la violencia, la mujer tolera la continuidad de la misma, “no porque le guste” como ciertas afirmaciones “machistas” expresan, sino porque entre otros miedos como el temor al futuro, a la soledad, a que la violencia se extienda a los hijos, en el caso de que los haya, a la dependencia económica que muchas veces tiene del agresor, a la resistencia a reconocer el fracaso de su relación y a la vergüenza que le supone relatar a su entorno las conductas degradantes a las que se ha visto sometida, se une el sentimiento de indefensión aprendida que padece y que es debido al sentimiento de que haga lo que haga no tiene escapatoria a su situación, puesto que todo lo que ha intentando no le ha servido para eliminar la violencia.

Además de las consecuencias tanto físicas como psicológicas que se ocasionan sobre la mujer víctima, están las consecuencias, en el caso de que haya hijos sobre los mismos, tanto por estar expuestos a la violencia de pareja como porque puedan ser victimizados tanto física como sexualmente. Los hijos, en todos los casos, son testigos y, con frecuencia, víctimas directas de sus consecuencias. Por una parte por el sufrimiento que genera y por otra, porque pueden aprender que la violencia es un recurso eficaz para hacer frente a las frustraciones cotidianas y repetir esta conducta en relaciones futuras.

Interesa, por lo tanto, una vez conocidos los distintos factores que ocasionan y mantienen las distintas formas de violencia de género, promocionar programas preventivos, basados fundamentalmente en la educación tanto en la escuela como en la familia para fomentar un modelo educativo igualitario y no sexista. Además de tratar de eliminar los modelos que presentan la violencia como una estrategia eficaz de solucionar los conflictos entre las personas y de afrontar las dificultades cotidianas e insistir en las consecuencias negativas que produce la violencia tanto en quien las sufre como en quien la ejerce, por ello, merece la pena invertir también esfuerzos en la reeducación de los agresores, puesto que está demostrado que aplicar solamente medidas sancionadoras no reducen la frecuencia de la violencia en nuestra sociedad.

 

 

Por Felipe Hurtado Murillo

Doctor en Psicología

Especialista en Psicología Clínica y Sexología

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0 (from 0 votes)
Por espill